Maternidad, sobreexigencia y todo lo del medio

Maternidad, sobreexigencia y todo lo del medio

Todo siempre se resume al miedo.

El miedo a no ser suficiente, el miedo a perder, el miedo al rechazo, el miedo al fracaso… y un nuevo miedo, adicional de esta época, de esta generación que busca incansablemente respuestas a todas sus conductas —en algunos casos, claro—: el miedo a repetir patrones.

Siempre he sido una mujer de muchas palabras, letras, pensamientos…
El resultado final es una mente en constante movimiento, para bien o para mal: excelente para mantenerte alerta, para lograr cosas, para analizar escenarios, para adaptarte rápido, para olvidar, para entender y asimilar; horrible para dormir, sentirse satisfecha, para maternar.

La vida avanza, y pensé que lo que conocía como “sobreanalizar” era eso y nada más.
Pero me convertí en mamá, y aprendí, entonces, que nunca había pensado tanto en nada como ahora.

En la muerte, en la vida, en las decisiones, en el amor, en los pasos que doy, en cómo me comporto, en mis defectos… ay, como nunca pensé en mis defectos.


Todo lo del medio

La maternidad es, quizás, una de las experiencias más transformadoras que puede vivir una mujer.

Pero entre el ideal romántico de “ser madre” y la realidad cotidiana de sostenerlo todo —el trabajo, la casa, las emociones, los miedos, las expectativas— se abre un abismo.
Y es en ese abismo donde habita “todo lo del medio”: la culpa, el cansancio, la ternura, el orgullo, la soledad, la risa, la contradicción.

“La maternidad no es un lugar, es un proceso de transformación constante.” — Adrienne Rich

Empujada por el miedo a no herir a otro ser humano, me he visto sentada sobrepensando… en mí misma y en el pasado, en el presente y, más que todo, en su futuro.

La filósofa francesa Elisabeth Badinter señalaba que el mito de la “buena madre” moderna impone estándares imposibles que derivan en culpa, porque no hay descanso ni aceptación del error.

Y en medio de esa exigencia, también hay belleza.
Porque, aunque nadie te enseña a sostener la vida mientras sostienes la tuya, una aprende.
Aprende a reorganizar los días con el corazón en el reloj, a reír aunque haya llanto, a reconocerse en los ojos de sus hijos cuando todo parece incierto.


Aprender a la par

Es una respuesta involuntaria: pienso en todas las decisiones que tomaré y en cómo será el impacto en ella.

Me pregunto si fui buena mamá este día, si supe tener paciencia, si entendí que ella está aprendiendo conmigo a regularse… pero yo, hasta hace dos suspiros, no sabía cómo hacerlo.

Y el castigo mental viene de allí: de no aceptar a tiempo que estoy aprendiendo a ser mamá mientras ella crece.
Y que cuesta más porque quiero, todos los días, estar llena de paciencia, estar presente, priorizarla.
Y más que eso, quiero enseñarle cómo es sentirse amada, escuchada, protegida, sin sacrificar mi propia individualidad.

Y es aquí donde todo siempre se escuece un poco.

Las preguntas que duelen

¿Estaré eligiéndome a mí o a ella?
¿En qué punto debo ser más flexible?
¿Estoy luchando por mis sueños a costa de perderme su niñez?
¿A quién le dedico mi energía y a quién mi cansancio?

La vida se pone chiquitita cuando la mayoría de esas preguntas no encuentran respuestas.

Supongo que encuentro refugio siempre en sus ojos, en la forma en la que compartimos nuestro mundo y en cómo quiero que ella sea capaz de elegir sus sueños, de quedarse en lugares donde la hagan sentir amada, de aceptar perder con dignidad, y de saber que nunca nada externo define su valía.

Y tengo yo que mostrarle, con mi vida, mis acciones, mis sueños, mis elecciones, que el camino está ahí para ella.

La maternidad como espejo

La maternidad es un tema sensible para mí, porque ha sido la responsable de múltiples decisiones en mi vida.
Ha marcado el ritmo de muchos de mis momentos, buenos y malos, y me ha enseñado lo que hasta ahora sé sobre amor —no solo externo sino propio—, sobre ternura, sobre tiempo, sobre exigencia, sobre traumas, sobre mí y sobre de dónde viene todo lo que soy.

¿Quién eres?
La maternidad no me lo ha preguntado, pero sí me ha empujado a preguntarme quinientas cosas al margen, que aclaran lugares donde se esconden algunas de esas definiciones.

Y estoy segura de que emigraré de muchos de esos lugares que desconozco, que dejaré ir bastantes versiones que ya no le quedan a mis huesos, y que poco a poco me acercaré a la versión de mí que me está esperando paciente en alguna esquina.

Y sé que muchas mamás se sienten así.
Por más que una quiera ser la misma versión de sí misma después de dar a luz, ya nada vuelve a ser igual


Un camino más humano

A lo que voy es que, quizás tú que me lees, aún no eres mamá —y quizás nunca quieras serlo—, pero esto, ser el verdugo de nuestras propias metas, no es un calle a la que le vayan a salir flores un día.

Es siempre un paseo sobre espinas y fuego, y no debería ser así.

Debemos crear un camino en el que cumplas tus metas, en el que te permitas crecer y aprender, en el que liberes la soga de tu cuello y te declares humana.

Y con ello, asumas que solo aprenderás aprendiendo; que no hay nada que se te haya dado solo; que irás formando ideas, conocimientos, carácter, ideologías.

Y tú decides cómo te educas:
¿a los golpes y con palabras soeces, o con la paciencia que le tendrías a tu propio hijo o hija, ese que está descubriendo el mundo a través de tus palabras, ese que creará su voz interior con aquello que le dices?

“No hay manera de ser una madre perfecta, pero hay un millón de maneras de ser una buena madre.” — Jill Churchill

¿Y tú? ¿Eres tu propio verdugo? ¿Qué es lo que más te cuesta dejar de exigirte?

🌷 Crecer contigo

Cuando creo que empecé a conocerme, me presento de nuevo.
Es un camino sin salidas al que, un día, le brotan miles.
Es como estar caminando en un desierto por mucho tiempo y luego, de pronto, aparecen las opciones hacia espacios inimaginados.

Crecer es así, supongo: te va quitando el aire de a poquito con cada esquina rota, y luego un día, cuando piensas que ya no vas a volver a respirar, tus pulmones se llenan.

Te conocí y se mudaron contigo mis miedos más grandes…

Tengo un corazón sensible para ti, porque sin saberlo tocas todas mis heridas.
Pero no me duelen; solo no quiero que te duelan ellas a ti.
Así que, en mi afán desenfrenado por amarte, me toco todas las llagas, las analizo, les busco cura.
Porque para amarte a ti quiero estar completa, quiero estar limpia, quiero que me veas crecer a pesar de ellas, reír, respirar, soñar, bailar todas las canciones.

Por amarte a ti, quiero sembrar mil árboles para que dancen a tu lado y oxigenen tus pulmones, para que la vida no te haga respirar poquito.
Construir mil calles para que mis miedos no se muden a tus pies y siempre camines a todos lados.

Te conocí un día y tuve miedo, pero también floreció el valor.
Y ahora miro tus ojos, y es todo lo que hace falta para que, aun sin fuerzas, mi mundo se mueva en todas las direcciones.

Por amarte a ti, pienso en el amor y en la vida, y en la muerte y el final.
Pienso en mí.

4 respuestas a «Maternidad, sobreexigencia y todo lo del medio»

  1. Avatar de swimmingusually658ebda9b0
    swimmingusually658ebda9b0

    Asombroso sin ser madre siento que toca la maternidad de una manera genuina y vulnerable, sin látigos ni pretensiones

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    1. Avatar de Chalia Veloz

      Qué bonito. Gracias por leerme ❤️‍🩹

      Me gusta

    1. Avatar de Chalia Veloz

      A ti por leerme ❤️‍🩹

      Le gusta a 1 persona

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